Autor: Eduardo Ortu√Īo Pampin.

Avistamiento OVNI

A continuaci√≥n, pod√©is leer el fragmento de la noticia sacada del peri√≥dico digital Cadizdirecto, en el cual un testigo, que estuvo realizando el servicio militar en esta base en el a√Īo 1997, da su testimonio de los hechos.

As√≠ nuestro testigo tiene su experiencia en el verano de 1997, en Paloma Baja (Tarifa), donde realizaba el servicio militar. La instalaci√≥n donde se encontraba era una bater√≠a de costa donde no hab√≠a m√°s de una quincena de soldados y estaba ‚Äúperdido de la mano de Dios, lejos de la civilizaci√≥n entre la playa y el monte gaditano‚ÄĚ seg√ļn confesaba su propio protagonista.

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Fig. 1. Zona de la bater√≠a de costa donde, supuestamente, sucedieron los hechos. Fotograf√≠a Eduardo Ortu√Īo.

El testigo a√ļn recuerda su experiencia de forma muy l√ļcida e impactante:¬†

 

Aquella madrugada todos dorm√≠amos pl√°cidamente y ser√≠a sobre las cuatro, o as√≠, donde nos despertamos consternados por un fuerte impacto y por una previa detonaci√≥n con sonido de ‚Äússssssss‚ÄĚ. Todos medios dormidos, pero con el coraz√≥n en un pu√Īo nos preguntamos unos al otro si hab√≠an o√≠do eso, pero el cansancio hizo que en escasos minutos volvi√©ramos a dormir.

 

 

A la ma√Īana siguiente aquel ruido fue el tema de conversaci√≥n en el desayuno, en el que los compa√Īeros que hicieron guardia en aquella madrugada a√Īadieron sus testimonios diciendo que hab√≠an visto unos fuertes destellos de luz a pocos metros de la bater√≠a. El incidente se qued√≥ as√≠, en un mero tema de conversaci√≥n de desayuno en aquel comedor, al terminar cada uno fuimos a nuestras labores y ya no se habl√≥ m√°s del tema.

 

Sobre las 18:00 horas, al terminar su turno de guardia, el soldado bajó a la playa

 

…normalmente cuando acabamos, a esa hora, nuestra jornada ll√°mese militar o laboral ten√≠amos la tarde libre, algunos compa√Īeros se iban a Tarifa a pasar la tarde, otros se quedaban en la cantina jugando a las cartas y otros, como en mi caso, baj√°bamos a la playa donde ten√≠amos que atravesar muchos metros de follaje y de mala vegetaci√≥n para poder acceder.

Y un nuevo incidente se viene a sumar a la ya inquietante noche:

 

Esa tarde a ning√ļn compa√Īero le apetec√≠a bajar a pasear por la playa, pero tal como hac√≠a muchas veces baj√© solo con mis auriculares puestos, tal como bajaba por esos inh√≥spitos caminitos de malas ramas hacia la playa observ√© a unos cien metros algo ins√≥lito: vi restos de un accidente, pero el accidente mas raro que he visto en mi vida, observ√© multitud de colores que jam√°s hab√≠a visto en mi vida desparramados por aquella vegetaci√≥n.

 

Me acerqué corriendo, pero con cautela y cuanto más me acercaba más me sorprendía, pude observar algo parecido a cristales líquidos rotos, pero con sensación de movimientos, además había materiales que me recordaban a las típicas vidrieras de iglesias, pero, como he dicho antes, de un color que hasta el día de hoy desconocía que existiera.

El testigo también pudo ver unas planchas metálicas de color acerado que presentaban una curiosa particularidad ya que:

 

…al tirarles una piedra encima se quedaban pegadas como si tuviera magnetismo m√°s all√° del metal.

En el lugar del accidente había otros muchos restos y objetos, otro que destacó y llamó la atención de nuestro protagonista fue el de otra pieza de metal de las mismas características.

 

Cuanto m√°s te acercabas m√°s notabas un olor raro y no hablo de olor a quemado, lo que s√≠ doy fe es que no vi ning√ļn resto de vida, tambi√©n es verdad que aquello estaba esparcido m√°s o menos por un per√≠metro de cien metros a la redonda y solo me qued√© est√°tico en un solo punto, me dio bastante pudor adentrarme entre los restos del accidente, con el tiempo he pensado mucho sobre ello y creo que si ese d√≠a me hubiese adentrado entre aquellas ruinas estoy seguro que hubiese visto cosas a√ļn m√°s fuertes‚ÄĚ.

El soldado reaccionó de forma lógica humana. Salió corriendo a dar la alarma al mando de la instalación que, en aquel instante, se trataba de un sargento primero:

 

…apellidado G√≥mez o Garc√≠a, no lo recuerdo bien, al comentarle lo que presenci√© se vino corriendo conmigo sin pensarlo dos veces, al llegar al lugar qued√≥ mucho m√°s impresionado que yo, no se atrevi√≥ ni a acercarse a cincuenta metros de los primeros restos, hizo una primera valoraci√≥n visual y se fue a su oficina corriendo para llamar a los diferentes mandos de la bater√≠a que a esa hora se encontraban ya en sus casas.

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Fig. 2. Interior de una de las casas encontradas en Paloma baja. Fotograf√≠a Eduardo Ortu√Īo.

Y segu√≠an las sorpresas: sobre las ocho llegaron militares de alta graduaci√≥n que se dirigieron al lugar y comenzaron a inspeccionar todo el ‚Äúaccidente‚ÄĚ por espacio de unos 90 minutos. Llegaron mandos de otros cuarteles, as√≠ como una importante dotaci√≥n de la Guardia Civil.

Se dio la circunstancia que los soldados no pudieron acercarse al lugar del ‚Äúsiniestro‚ÄĚ salvo nuestro testigo al que se le permiti√≥ acceder a aquel punto.

 

Toda la ma√Īana siguiente militares y autoridades estuvieron en aquel punto, todos uniformados, hasta que llegaron unos caminos del que bajaron unos militares en bata blanca que llam√≥ la atenci√≥n de todos los soldados, iban completamente vestidos de blanco incluido sus guantes y sus mascarillas.

Y, como en tantas otras ocasiones la losa del silencio se apoderó de aquel incidente.

 

No recuerdo ya si fue al d√≠a siguiente o al otro, donde yo trabajaba una ma√Īana engrasando una pieza de artiller√≠a, cuando me llam√≥ un cabo primero y me dijo que me presentara en la oficina del Teniente, ante mi extra√Īeza me presento, llamo a la puerta , escucho ‚Äúpasa‚ÄĚ y entr√≥, al entrar me llev√© una gran sorpresa, no era el teniente quien me esperaba all√≠ sentado, eran un par de hombres vestidos con traje y corbata, no eran los t√≠picos hombres de negro que tanto se han hablado en la ficci√≥n, eran un par de hombres que se identificaban como funcionarios del ministerio de defensa.

Aquellos dos hombres mantuvieron una corta conversación con el soldado remarcando una pregunta con especial interés:

 

¬ŅHab√≠a m√°s militares de reemplazo que hubiesen visto los resto?

Aquellos dos funcionarios se despidieron d√°ndole una vaga explicaci√≥n de los hechos acompa√Īado de una peque√Īa amenaza velada dirigida de forma elegante.

Aquella explicación venía a decir que el aparato estrellado era un artefacto aéreo experimental de la OTAN que no había superado las pruebas oportunas. La amenaza fue que:

 

…si no me quer√≠a meter en problemas y esas cosas teniendo, en cuenta el poco tiempo que me quedaba de servicio militar (se ve√≠a que sab√≠an todo sobre m√≠), era mejor que dejara las cosas tal como ellos me lo hab√≠an planteado, evidentemente les di mi palabra, teniendo en cuenta lo importante que es para un ‚Äúsoldadete‚ÄĚ volver a casa con los suyos.

Sobre aquel incidente tan extra√Īo y la versi√≥n dada por los funcionarios nuestro protagonista no crey√≥ una palabra. Puede que fuera la explicaci√≥n real, puede, pero tambi√©n puede que trataran de ocultar la realidad de un fen√≥meno tan desconocido como inquietante como lo es el tema OVNI.

Jam√°s me cre√≠ su versi√≥n, ese artefacto y esos restos no son de este mundo y lo digo muy convencido, han pasado ya casi veinte a√Īos y jam√°s creo que voy a volver a ver ese tipo de restos esparcidos ni creo que lo vuelva a ver en mi vida, no s√© si te resultar√° interesante mi testimonio, es la primera vez que lo cuento.

Conclusiones

Como es frecuente las bases militares est√°n ligadas a fen√≥menos extra√Īos de tipo OVNI, por lo que relatos o testimonios como los de este ex-soldado suelen ser frecuentes. Pero tambi√©n es cierto que pocos salen a la luz.

Los ejércitos continuamente se están espiando unos a otros. Quizás este artefacto que se estrelló aquel día fuera un objeto construido en este planeta, con materiales modernos a su época, destinados a espiar la base de Punta Paloma.

Aunque, con el paso del tiempo, y observando la fuente de la que viene dicha historia. El EMIP no se cree ni una sola palabra de lo que se comenta en este articulo.

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Fig. 3. Entrada a la zona de los ca√Īones de Paloma baja. Fotograf√≠a Eduardo Ortu√Īo.

Referencias

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